No le debes belleza a nadie, ni siquiera a ti misma
En un mundo lleno de reglas sobre cómo debe ser tu apariencia física, ocupar un cuerpo de mujer puede llegar a ser agotador. La presión estética a la que nos vemos sometidas atraviesa cada esfera de nuestra existencia, mucho más de lo que la mayoría somos conscientes.
La presión estética es todo aquello que, desde fuera, nos enseña a mirar nuestro cuerpo como un problema a resolver. Viene de muchos sitios: la familia, las redes sociales, la cultura… pero con el tiempo la interiorizamos y se convierte en nuestra propia voz: una vocecilla interna y crítica que condiciona cómo nos miramos, cómo nos movemos y cómo nos valoramos.
Es tan sutil y lleva tantos años dentro de nuestra cabeza que la mayoría de las veces no nos damos cuenta de cuánto nos influye, y sobre todo, de cuánto puede hacernos sufrir.
Las normas sobre cómo debe ser nuestro cuerpo son incontables. ¡Y nunca terminan! Desde pequeñita hasta la vejez, en todas las etapas hay reglas que cumplir: unas clavículas que deben marcarse, una piel morena o una piel sin líneas de expresión, un pelo sin canas, una ausencia total de celulitis… No importa la etapa vital en la que nos encontremos, nunca es suficiente.
Pero no solo eso: tampoco son estáticas. Lo que hoy se entiende como un cuerpo bonito no lo compartían en la Edad Media, de la misma forma que dentro de 15 años será otro cuerpo, otra cara, otro cabello el que tengas que buscar porque los estándares habrán cambiado. ¿En qué quedamos, entonces? Aunque fueran estándares alcanzables (que para la mayoría de personas no lo son), solo nos llevan a cumplir el objetivo durante un tiempo. Es como estudiar para un examen y que cuando llega el día te hayan cambiado el contenido: un esfuerzo en vano y una sensación de que te toman el pelo.
Y sin embargo, cuando no lo alcanzamos, el mensaje que recibimos es que no nos hemos esforzado lo suficiente. En una cultura donde la meritocracia tiene cada vez más peso, te venderán la idea de que cualquier estándar es alcanzable si pones los medios. Siento decirte que eso no es cierto. Y aunque lo fuera, ¿no tendríamos derecho a no querer esforzarnos por alcanzar ese ideal?
Como escribe la psicóloga Denisa Praje en su libro Tu cuerpo es para vivir: "Tu cuerpo está a tu servicio. Tu cuerpo es para vivir." Nuestro cuerpo es el recipiente que nos permite hacer tantas cosas: respirar, filtrar toxinas, bombear sangre, pensar, dar un abrazo, experimentar un orgasmo. Está para vivir, no para ser evaluado.
Recuerda: no le debes belleza a nadie, tampoco a ti misma. La vocecilla, aunque lleve tiempo contigo, viene de fuera. Nos merecemos ser un poco más libres.