Sobre el perdón y la disculpa
En algún momento de nuestro recorrido vital la mayoría vamos a ser dañados por otra persona. A veces por descuido, otras con intención. Por alguien cercano o por un completo desconocido. ¿Cómo seguir adelante después? ¿Cómo se hace justicia?
¿Acaso la vida es justa? No lo es. Ocurren cosas injustas constantemente, no hace falta mirar muy lejos.
Pedir perdón requiere valentía, por un lado, humildad por otro. Requiere el arrojo de cuestionar la propia identidad que quizás se construyó sobre la idea repetida de “niña buena”, de “adulta responsable”, de “hijo perfecto”, “moral impecable”. Cualquier cosa. ¿No es acaso compatible ser responsable y haberla cagado? Claro que lo es. Pero aceptarlo implica soltar una imagen de uno mismo que llevamos mucho tiempo sosteniendo.
En muchas ocasiones cuesta pedir disculpas porque el orgullo en el pecho se encoge, se hace pequeñito hasta transformarse, posiblemente, en vergüenza. Y la vergüenza es una emoción muy desagradable. Nos empuja a escondernos, a justificarnos, a mirar hacia otro lado. Rara vez nos empuja a dar la cara.
Una disculpa sincera requiere empatía, generosidad, cuidado… requiere muchas cosas pero sobre todo el valor para mirar al espejo y reconocer una parte de ti que no te va a gustar. Y aun así quedarte ahí, sin huir.
Es mucho más fácil perdonar cuando quien te dañó asume la responsabilidad que le corresponde y te ofrece un espacio donde repararte, expresarte, recuperar la dignidad. Pero muchas veces eso no llega nunca, porque quien dañó simplemente no puede o no quiere mirarse desde ese lugar que le coloca con las orejas gachas y las manos abiertas a recibir el dolor que causó.
¿Cómo perdonar entonces? O mejor: ¿es necesario perdonar para sanar? En absoluto, cada quién es libre de decidir si quiere o no perdonar. A través de la disculpa es más fácil, eso por supuesto, aunque ni siquiera es garantía.
Pedir perdón es una decisión. Perdonar también. Y cuando la reparación no viene de fuera, a veces lo único que queda es soltar la espera.