El duelo: una experiencia flexible y única

Si te digo "duelo" quizás pienses en el fallecimiento de un ser querido. O en una ruptura de pareja. Y, efectivamente, la muerte de alguien o el fin de una relación traen consigo un proceso de duelo, pero va más allá.

El duelo es el proceso psicológico que se transita al perder algo y cómo nos adaptamos a esa nueva realidad. Por eso, cuando hablamos de duelo, hablamos de pérdida. ¿Qué tipo de cosas podemos perder? Son tantas… Si fallece alguien cercano, la pérdida es clara. Si me mudo a otro país, quizás no lo sea tanto, aunque es mucho lo que dejo atrás (hablaríamos, entonces, de duelo migratorio). Puedo perder a mi mascota, a una amiga que se aleja, un rol dentro de mi familia… Puedo perder la expectativa de algo que nunca sucederá (por ejemplo: ser madre), un estilo de vida, una parte de mi relación amorosa, el cuerpo que tuve hace tiempo… Incluso dentro de una misma pérdida hay pérdidas contenidas dentro, como las muñecas rusas.

Si te digo "duelo", también, es posible que te vengan a la cabeza las distintas fases (negación → ira → depresión → aceptación). Y sí, hay diversos modelos y propuestas, pero en ningún caso se trata de algo rígido o uniforme. Es decir, cada proceso es único y existen maneras muy diferentes de vivirlo. No hay una forma correcta de pasar un duelo. Cada uno lo hace lo mejor que puede en sus circunstancias, y si algo se atasca, ahí es donde puede ayudar la terapia. Y eso no lo convierte en patológico (necesariamente).

Cómo se gestione un duelo dependerá de los recursos y estrategias de las que dispongamos. ¿Quiénes somos para juzgar el duelo de otro? Cuidado con esto. ¡Y cuidado con juzgar el tuyo propio! Es igual de injusto. Cada experiencia es válida tal y como es.


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No le debes belleza a nadie, ni siquiera a ti misma