El rol del paciente en terapia: un viaje de autodescubrimiento
Ser paciente es viajar en compañía. Es tener el valor de mostrarse, de ser escuchado/a, de atreverse a mirar lo que uno/a realmente es: un ser humano. Implica aceptar que el/la terapeuta no siempre tiene una solución para cada conflicto, y enfrentarse a esa realidad con frustración y rabia, usando esos sentimientos como herramientas para aprender y para crecer.
Ser paciente es permitirse ser humano delante de alguien que, aunque no lo parezca, es igualmente vulnerable. Es descubrir cosas escondidas en los rincones más profundos de uno/a mismo/a, algunas bonitas y otras dolorosas, pero es necesario para limpiar el espacio y poder vivir en paz.
Este proceso es como ir al gimnasio de las emociones, un lugar seguro donde se practica para que éstas no nos arrastren como un tsunami cuando aparecen. Porque, spoiler: no podemos evitar nuestras emociones. Son parte de nosotros y necesarias; el arte está en saber utilizarlas a nuestro favor.
Ser paciente es todo esto y mucho más. También es saber cuándo abandonar un proceso que no está funcionando. No siempre es fácil encontrar el estilo de terapia y terapeuta adecuado, y a veces hay que buscar hasta dar con el profesional correcto.
Cada experiencia de ser paciente es única. El espacio creado entre paciente y terapeuta siempre es distinto, porque cada dúo que ocupa ese lugar es diferente. Pero siempre es un viaje, y cuando hay dolor, hacerlo en compañía puede ser mucho más llevadero.