¿Escuchas a ese intestino que se retuerce?

Cuando la dieta no es suficiente para sanar tu intestino, quizás es momento de observar la mente. Aunque el intestino es nuestro segundo cerebro, no deberíamos olvidarnos del primero. Aprender a gestionar las emociones, la atención y la percepción es muchas veces la pieza que falta para alcanzar una buena salud digestiva. En este sentido, los profesionales de la psicología podemos ser de gran ayuda.

Son muchas, sobre todo mujeres, las personas cuya digestión es a menudo un calvario, lo dicen los estudios más recientes. Entre un 10 y un 20% de la población presenta síntomas digestivos sin explicación médica (Dear et al., 2018) y aproximadamente un 50% ha experimentado ardor, náuseas, diarrea... durante el último año (Bouchoucha et al., 2013).

Todos sabemos la importancia de gestionar las emociones para alcanzar un nivel de bienestar óptimo. A diario leo en redes sociales sobre el impacto del estrés en la salud. Sin embargo, ¿quién acude a un psicólogo cuando "le duele la tripa"? ¿Quién complementa su terapia nutricional con psicoterapia? Apenas conozco a nadie.

Existen innumerables variables psicológicas implicadas en problemas digestivos como el reflujo, el abdomen hinchado o la dificultad para ir al baño. Entre estas variables se incluyen la atención que le prestas a tu estómago y tus expectativas sobre cómo te sentarán ciertos alimentos.

¿Comes sano y todo te sienta mal? ¿Te inflas como un globo a lo largo del día? ¿Sientes que tu intestino te grita a cada paso? Este tipo de mensajes publicitarios abundan en Instagram porque cada vez hay más nutricionistas ofreciendo soluciones. Y es una buena noticia que los nutricionistas se hagan un hueco en el camino a la salud.

La oferta es variada: dieta FODMAP para el intestino irritable, dieta antiinflamatoria, retirada de lácteos... Todo esto es de gran ayuda, lo dice la evidencia científica. Incluso puedo corroborarlo por mi experiencia particular, que explicaré en otro momento.

Sin embargo, creo que debemos ampliar el enfoque, ir más allá. La microbiota intestinal es un universo por explorar y una de las revoluciones científicas del momento. Las emociones también intervienen en cómo digerimos esa dieta tan perfectamente pautada por nuestro dietista-nutricionista. De esto se encarga el eje intestino-cerebro, el canal de comunicación entre el sistema nervioso central y el sistema digestivo.

El puzle de la salud queda incompleto si no se tiene en cuenta el papel de los psicólogos para abordar un tratamiento eficaz. La mente es muy poderosa. No hay salud sin salud psicológica, ni microbiota intestinal sana sin aprender a digerir la vida. Somos lo que comemos, pero también lo que pensamos y sentimos.

Como psicóloga, siempre te animaré a acudir a terapia y explorar qué se esconde tras ese intestino que se retuerce sin causa orgánica. Si no lo haces, te propongo al menos un ejercicio de introspección para explorar qué te sucede.

En conclusión, el cuerpo es sabio y nos habla. Hay que aprender a escucharlo, darle voz en forma de palabras y poner consciencia. Nútrete bien y obsérvate. ¿Qué hay en esa cabeza que no para de centrifugar? ¿Qué le pasa a tu pecho cuando se encoge sin sentido? Escúchate. La mente tiene mucho poder para hacer gritar al intestino.

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