Necesito ayuda psicológica: ¿sí o no?

Son muchas preguntas las que pueden asaltarte cuando no te sientes bien: ¿me siento lo suficientemente mal como para acudir a terapia? ¿Necesito ayuda psicológica o no es para tanto? ¿Debería poder con esto sola?

No hay una respuesta universal ni un test mágico que te diga cuál es la decisión más adecuada, ¡ojalá! No obstante, si estas preguntas te rondan la cabeza es muy posible que ya hayas intentado atravesarlo de otra manera. Y tiene pinta de que no está funcionando. Es probable que hayas intentado guardarte el malestar para tus adentros y gestionarlo en silencio, como si callarlo fuera a hacerlo desaparecer. O quizás hayas probado a hablar con una amiga o a que tu pareja te sostenga. Incluso miras en internet o charlas con ChatGPT en busca de la receta para recuperar la paz. Cuando estas preguntas se repiten, muchas veces ya sabemos la respuesta.

Otras veces no.

Yo me tomo muy en serio mi trabajo, siempre he pensado que ocupar el espacio donde otra persona ofrece su vulnerabilidad y su confianza exige una profunda responsabilidad. Por eso defiendo que buena parte de nuestro papel como profesionales de la psicoterapia debe ser, al menos en un inicio, ayudar a clarificar esa respuesta. ¿Necesito ayuda? Y en ese caso, ¿qué tipo de ayuda necesito? Y esto solo se puede dilucidar mediante una buena valoración y un ojo clínico entrenado.

Si te encuentras mal desde hace tiempo y ves que no mejora pese a tus intentos de volver a "ser la de antes", es muy probable que sí, que una buena terapia sea interesante para ordenar el caos. Qué tipo de terapia y con quién ya es otra cuestión y habrá que verlo en un espacio con el rigor que ello merece.

Por tanto: no tienes por qué tener respuesta a tus preguntas, quizás puedas servirte de una profesional para aclarar qué tipo de ayuda necesitas y de qué forma.

Sentir malestar no es sinónimo de precisar ayuda profesional, pero si te ronda la idea, seguramente haya algo por ahí que necesite ser atendido. Como siempre digo, el dolor es inherente a vivir, lo que no significa que sepamos convivir con él.

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Si no le doy espacio al dolor, ¿existe?