La infidelidad: romper el acuerdo invisible

Simplificando, cualquier relación interpersonal (de pareja, de amistad, familiar, laboral…) funciona sobre la base de un contrato: un conjunto de normas y acuerdos que, se hayan explicitado o no, ambas personas aceptan mientras la relación se mantiene.

Aunque solemos asociar la infidelidad exclusivamente a las relaciones de pareja (y, en concreto, a un contacto sexual fuera de ella), yo la entiendo de una forma más amplia: como cualquier acción que rompe el acuerdo que había en una relación.

¿Por qué? Porque el impacto emocional que tiene esa ruptura en la otra persona puede ser muy similar al de la infidelidad “clásica”. La propia palabra lo dice: in-fidelidad, falta de lealtad.

Del mismo modo que existen normas sociales que nos permiten convivir de una forma más o menos ordenada, existen también normas interpersonales que hacen posible la relación con otro. El problema es que, la mayoría de las veces, esas normas nunca se han hablado, las damos por hechas. Sabemos que hay un contrato, pero rara vez nos paramos a revisarlo… ni siquiera a pensarlo.

Cada persona se vincula desde el contrato que lleva en la cabeza. De ahí nacen sus expectativas: lo que espera del otro, lo que considera básico, lo que entiende como lealtad o como falta grave. Cuando ese acuerdo implícito no se cumple, aparece el conflicto. Y no todas las cláusulas pesan lo mismo.

No todas las rupturas tienen el mismo peso. En función de qué acuerdo se haya vulnerado, el impacto puede ir desde una leve decepción hasta un profundo sentimiento de traición.

Por ejemplo: si mi hermana me levanta la voz, puede que me sienta molesta o decepcionada. Pero si, en un momento especialmente doloroso para mí, decide no estar o no ayudarme, es probable que lo viva como una traición. Eso tiene que ver con cómo hemos aprendido que “deben ser” las relaciones familiares y con las expectativas que cada uno deposita en el otro.

¿No es esto, al fin y al cabo, una forma de infidelidad?

Las consecuencias psicológicas de la infidelidad (entendida así) darían para otro texto. Por ahora, te invito a lo siguiente: revisar, aunque sea mentalmente, qué acuerdos sostienen tus relaciones, cuáles estás cumpliendo, cuáles no… y, sobre todo, qué estás dispuesto/a a firmar y qué no.

Porque quizá la infidelidad no sea otra cosa que la ruptura de un contrato invisible del que nacían nuestras expectativas.

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